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Cansado de "babeles"

Este artículo nos habla de la necesidad de volver a lo que nos une como humanidad frente a lo que nos divide como elemento fundamental para poder vivir la diferencia y la diversidad en armonía. Invita a una reflexión profunda al respecto.

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Luis Avilés

22 de enero de 2025

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La Torre de Babel representa el paradigma de la división y la confusión. Es el prototipo de sociedad que acaba entrando en un proceso de desintegración y desunión, y que se manifiesta por la falta de entendimiento (hablar distintas lenguas), la desarmonía y la confrontación social.

Hoy estamos en una situación en la que la división social es importante (aunque siempre lo ha sido) a nivel político y social en gran parte del mundo. Siempre ha habido bandos, pero después de años de una mayor estabilidad y equilibrio nos encontramos en un periodo de mayor crispación política, medioambiental, bélica y religiosa.

Lo que quiero destacar aquí es la tendencia que puede tener el ser humano de dividir, separar, de anteponer lo propio a lo colectivo;  de destacar lo que diferencia más que lo que une. Siendo ésta una de las principales causas de conflictos, desgracias y desastres que han azotado y asolado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos.

Y nos cuesta aprender, al menos, a una gran mayoría de habitantes de este planeta. Ver cómo esto se repite una y otra vez me produce cansancio y hastío. Estoy cansado de la infinidad de “babeles” que hay por doquier cuando amo la paz y el entendimiento, y creo que es posible alcanzarlo.

Las diferencias son normales e inevitables. Se pueden ver como riquezas siempre que se sepan vivir; o pueden ser grandes problemas si no se viven bien.

¿A qué diferencias me refiero? En todos los órdenes y ámbitos de la vida hay diferencias y divisiones. Algunos ejemplos:

Fronteras. Las fronteras dividen, separan, generan sentimientos identitarios que pueden excluir e incluso repudiar al que no está entre nuestros compatriotas. Guerras, exterminios y explotaciones de unos pueblos a otros son ejemplo de este tipo de división.

Los credos y las religiones. También pueden separar. Cuando se vive la religión propia como la verdadera y única y todo lo demás como malo y negativo, mal vamos. Las guerras y luchas religiosas han destrozado millones de vidas a lo largo de la historia. En nombre de un determinado dios supuestamente verdadero y único se ha masacrado a multitud de inocentes.

Ideas e ideologías. Los que piensan como yo son los que valen. Los que piensan de distinta manera son enemigos. Esta es otra diferencia que ha generado y sigue generando luchas y conflictos interminables entre los humanos. Capitalismo vs comunismo. Derechas contra izquierdas.

Etnias y razas. Quien tiene un color de piel distinto al mío ¿es peligroso para mí?, ¿es menos que yo?, ¿tiene menos derechos que yo?, ¿me daña su presencia? ¿vale menos que yo? La distinción por la piel o las características físicas o corporales provoca divisiones y conflictos en el mundo desde que el mundo es mundo.

Culturas y pueblos. Lo mejor es mi cultura. Lo que viven los otros está atrasado, no es entendible, es raro o extraño. Y a veces se llega a la conclusión de que hay que eliminarlo. Lo occidental frente a lo oriental. Las tradiciones de los países del norte respecto a las de países del sur. Lo supuestamente “civilizado” frente a los salvajes, etc, etc. En definitiva, mi identidad cultural frente a la de otros pueblos. El etnocentrismo de los países desarrollados que ha arrasado a pueblos indígenas en todos los continentes.

Sexo. La de desprecios, marginaciones y abusos que ha habido a lo largo de la historia por ser mujer, por haber nacido así. Hablamos de diferentes formas de misoginia y explotación de la mujer entre otros males.

Edad. Lo joven frente a lo viejo. El desprecio a los ancianos, el desprecio a la pérdida de juventud. Son problemas de nuestra civilización actual en lo que denominan  el edadismo.

Ricos y pobres. Los que tienen más frente a los que tienen menos. La diferenciación por clases sociales, el desprecio y marginación de los pobres por los ricos.

Incluso en el deporte se vive la división. Defiendo hasta la muerte a mi equipo, desdeño y rechazo a los del otro equipo. Etc, etc,…

Hemos antepuesto lo propio, lo nuestro, nuestra singularidad, nuestra visión de la vida y del mundo, a lo que une a toda la humanidad. Esto genera una gran división, y me parece importante empezar por algo elemental y recordar de una manera persistente lo que nos une como humanidad:

 "Soy un ser humano que vive en un planeta llamado Tierra, en un momento y en un tiempo determinado de la historia humana. Formo parte de una determinada de generación de personas.

Pertenezco a la especie humana, mi patria es el mundo, aunque habito en un lugar concreto del planeta, en un determinado entorno, con unas características particulares que puedo apreciar y valorar.

Necesito respirar, comer, dormir, moverme, estar sano y vivo.

Tengo corazón, siento y padezco. Sufro y disfruto. Vivo satisfacciones y placeres, pero también insatisfacciones y frustraciones.

Pienso, puedo reflexionar y razonar. Puedo aprender y evolucionar. Crezco, me desarrollo, voy madurando y envejezco.

Necesito comunicarme con otros. Necesito de los otros para vivir, no soy autosuficiente. Necesito su contacto, oírlos, verlos, sentirlos. Necesito su apoyo, su cariño y comprensión, ser aceptado y valorado.

A lo largo de toda mi vida he necesitado ayuda para muchísimas cosas. Sin los demás no podría realizarme y, ni siquiera, subsistir. Puedo amar y ser amado. Puedo agradecer y recibir el agradecimiento, puedo perdonar y ser perdonado. Puedo ayudar y pedir ayuda.

Tengo capacidades y límites, virtudes y defectos. Capacidades y virtudes que puedo desarrollar, límites y defectos que puedo aceptar y aprender a reducir. Tengo sueños, aspiro a mejorar, deseo aprender y progresar.

Busco ser feliz. Tengo un valor y una dignidad como persona. Creo en algo, busco lo que da sentido a mi vida."

No creo que haya nadie que no se identifique con todo esto o gran parte de lo que aquí se expresa. Es la esencia de ser humano. Así somos todos los seres humanos. Todo esto nos une. Lo demás es secundario o viene a posteriori.

Si la conciencia de formar parte de UNA ÚNICA HUMANIDAD está bien asentada, vivenciada, asimilada e integrada en lo más íntimo de nuestra persona, las diferencias nunca llegan a ser una cuestión que genere problemas irresolubles y división. Es una conciencia de humanidad que facilita el encuentro con los otros. Nuestras diferencias, entonces, pueden ser un acogidas como un enriquecimiento.

Por consiguiente, es capital que todos los seres humanos aprendamos a reforzar y fortalecer lo que nos une más allá de lo que nos separa. Y volver una y otra vez a ello en las escuelas, en las familias, en las instituciones, como un auténtico credo colectivo, porque desde esa identidad compartida de seres humanos se puede vivir en armonía la diversidad y la diferencia.

E invito a esta reflexión:

  • ¿Reconozco esa unidad elemental con todo ser humano? ¿Qué efecto produce en mí la toma de conciencia de formar parte de una única humanidad?
  • ¿Qué experiencia tengo de valorar y apreciar al que es diferente de mí?
  • ¿Dónde se enraíza en mí el vivir negativamente las diferencias?